sábado, 21 de noviembre de 2015

JEREMÍAS. CAPÍTULO 46

ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES (Jr 46-51)


461Palabras del Señor al profeta Jeremías sobre las naciones:



Oráculo contra Egipto (Is 19; Ez 29-32)



2Contra Egipto.

Contra el ejército de Necao, faraón de Egipto, que llegó hasta Cárquemis, junto al Éufrates, y fue derrotado por Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto del reinado de Joaquín, hijo de Josías, en Judá.
3Preparad escudo y adarga, lanzaos al ataque,
4ensillad los caballos; a montar, jinetes;
dispuestos con los cascos, bruñid las lanzas,
vestid la coraza.
5¿Qué es lo que veo? Están aterrados,
se baten en retirada sus soldados derrtados
huyen corriendo sin volverse, cercados de pavor
-oráculo del Señor-:
6que no salve la agilidad, que no libre la valentía.
¡Al norte, a la orilla del Éufrates,
tropezaron y cayeron!
7¿Quién es ese que crece como el Nilo
y encrespa sus aguas como los ríos,
8que dice: Creceré, inundaré la tierra,
destruiré ciudades con sus habitantes?
9Montad a caballo; lanzaos, carros;
avanzad, soldados:
nubios y libios que embrazan escudo,
lidios que tensan el arco.
10Ese día es para que el Señor de los ejércitos
día de venganza
para vengarse de sus enemigos.
La espada se ceba, se sacia, chorrea sangre,
porque el Señor de los ejércitos
celebra un banquete
en el norte, a la orilla del Éufrates.
11Sube a Galaad por bálsamo, capital de Egipto:
en vano multiplicas las curas,
tu herida no se cierra.
12Las naciones se enteraron de tu humillación,
pues tus lanceros llenan la tierra.
¡Tropezaron soldado con soldado,
juntos cayeron los dos!
13Palabra que dijo el Señor al profeta Jeremías cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue a derrotar a Egipto:
14Anunciadlo en Egipto, pregonadlo en Migdol, pregonadlo en Menfis y Tafne;
decid: ¡En formación, alerta!,
que la espada se ceba en torno.
15¿Por qué está tendido
tu Buey Apis y no se levanta?
16Porque el Señor lo derribó
poderosamente: tropezó y cayó.
Dicen a sus camaradas: Arriba,
huyamos de la espada mortífera,
a nuestra gente,
a nuestra tierra nativa,
17y por mote llaman al faraón:
"Estruendo a destiempo".
18¡Por mi vida! -oráculo del Rey
que se llama Señor de los ejércitos-.
Como es real el Tabor entre los montes
y el Carmelo junto al mar, sucedera.


19Menfis será una desolación,

incendiada y deshabitada.
Prepara el ajuar del destierro,
población de Egipto;
20Egipto es una novilla hermosa;
desde el norte viene un tábano, viene;
21también sus mercenarios
eran novillos cebados;
huyen juntos sin parar,
porque les llega el día funesto,
la hora de rendir cuentas.
22Oídla, silba como serpiente,
porque avanzan los ejércitos,
la invaden como leñadores con sus hachas,
23talan sus bosques -oráculo del Señor-.
Por muchos e incontables que sean,
aunque sean más que la langosta,
24es derrotada la capital de Egipto
y entregada al ejército del norte.
25Dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel:
Yo tomaré cuentas al Dios Amón de No, a Egipto con sus ídolos y príncipes, al faraón y a los que confían en él. 26Los entregaré en manos del enemigo mortales: de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y sus generales. Después será habitada como antaño -oráculo del Señor-.
27Tú no temas, siervo mío, Jacob;
no te asustes, Israel.
Yo te traeré de lejos, sano y salvo,
y a tu descendencia de la cautividad;
Jacob volverá, descansará,
reposará sin alarmas.
28Tú no temas, siervo mío, Jacob,
que yo estoy contigo -oráculo del Señor-.
Acabaré con todas las naciones
por donde te dispensaré; contigo no acabaré,
aunque no te dejaré impune,
te escarmentaré como es debido.


Explicación.



ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES


La introducción a esta serie se encuentra en 25,15-38, que a su vez suena como respuesta de Dios a la súplica del profeta en 10,25.


La lista recoge los nombres tradicionales: reinos vecinos a oriente y occidente, entre los Imperios de Egipto y Babilonia.



Hay fragmentos simplemente copiados de autores precedentes; en los demás se siguen los temas y procedimientos tradicionales: datos descriptivos del enemigo de turno, referencia o descripción de sus pecados, rasgos estilizados de la movilización y el ataque enemigo, derrota y elegía.



En estos oráculos cumple Jeremías con su misión de "profeta de los paganos" (1, 5.10). El epílogo coincide en gran parte con el final del libro de los Reyes.



46,1 Comienza la serie cuya introducción lógica se lee en 25,15-38.


46,2-28 Atendiendo a las instroducciones, este capítulo se compone de tres piezas más una adición: 2-12.13-24.25-26 + 27-28. La segunda se divide en dos partes: 13-18.19b y 19a.20-24. Egipto es tema común de la serie.

46,2-12 Se refiere a la batalla de Cárquemis, ciudad de abolengo, situada junto al río Éufrates en la Siria septentrional. Conquistarla significaba para el faraón el control de la faja costera y una amenaza al imperio de turno, Asiria o Babilonia. Necao II se jugó allí la hegemonía, frente a Nabucodonosor, y la perdió el año 606.

El oráculo concentra en breve espacio el momento de la partida confiada y el momento de la derrota y la huida. Las voces  se cruzan dramáticamente por encima de los sucesos: voces de mando del general egipcio, voz de Dios y del profeta como espectadores. Es a la vez una elegía por el imperio egipcio derrotado y un himno a la victoria del Señor de la historia.

46,3-4 Los siete imperativos crean la sensación de rapidez y orden. Los carros eran arma vital del ejército egipcio.

46,5 "Cercados de pavor": 6,25; 20,3-10. La derrota se presenta a través de la irrupción lírica del poeta, que comunica su carga de sorpresa y estupor ante lo inesperado.

46,6 "Agilidad" para evolucionar y "valentía" son las dos cualidades tradicionales del soldado (Sal 18,33-34). El norte es a lo largo del libro el lugar de arranque del invasor: 1,13-15; 3,12.18; 4,6 etc.

46,7-8 Siendo el Nilo emblema de Egipto, se aprovecha para una imagen de un ejército que inunda y arrasa (cfr. Is 8,7s). "Encrespar" se dice del mar furioso que Dios domeña (5,22).

46,10 Lo que se prometen como campaña triunfal es una marcha al matadero, adonde Dios los atrae con el cebo de su arrogancia (Is 8,10). Es el día de la justicia vindicativa, del banquete al que Dios convida: Is 34,6; Ez 39,17-20.

46,11 Cambia la imagen: la capital de Egipto en figura de doncella herida que se aplica medicamentos en vano: su herida "no se cierra" (8,22; 14,17; 30,13).

46,13 El segundo oráculo se refiere a la invasión del 568, anunciada al final de los capítulos 43 y 44. Inviertiendo 19a y 19b resultan dos secciones definidas por sendas inclusiones.

En poco espacio se conjura poéticamente la invasión, la defensa, la desbandada, la deportación. Una serie de imágenes y títulos describen el poder de Egipto: El Paladín (= APis), novilla y novillos (20-21), serpiente (22), floresta (23); el título del faraón acaba en mote burlesco.

46,14 Dos ciudades fronterizas y la capital septentrional.

46,15-16a El término ´abbir significa toro, corcel, también capitán o paladín, y puede ser título divino (8,16; 47,3; 50,11). Aquí designa al Buey Apis, dios de la capital a la que debería defender. No lo derrota el emperador babilonio, sino el Señor (cfr. Ex 12,12).

46,16b-17 Los mercenarios o aliados o mercaderes extranjeros abandonan la ciudad cosmopolita y, defraudados, inventan un mote para el faraón.

46,18-19b Nombre y título del Señor se oponen al título de Apis y al mote del faraón: el Señor es un rey que dispone de ejércitos (10,16; 31,35; 32,18). El juramento añade una referencia cósmica (como en 31,35 y 33,20). La comparación resulta paradójica: la palabra de predicción es tan sólida y patente como el Tabor, como el Carmelo que se adentra en el mar. El futuro adquiere corporeidad y consistencia al apoyarse en un juramento divino. Pero la estabilidad de los montes confirma, a través del juramento, la inestabilidad y caída del imperio agresor.

46,19a Comienza la nueva sección.

46,20-21 Novilla y novillos prolongan la imagen del Buey Apis.

46,22a La interpretación es dudosa. El silbido de la serpiente (versión griega) podría aludir al "ureo", o serpiente en el tocado de la cabeza del faraón.

46,22b-23 Texto difícil. Leyendo como concesiva, resulta lo siguiente: aunque sea impenetrable la floresta, entrarán los leñadores y talarán sus árboles; las hachas de cortar leña pueden significar hachas de combate. La imagen de un bosque no cuadra con la vegetación de Egipto; a lo más sería visión hiperbólica de sus oasis.

46,23b-24 La comparación con la langosta es tópica.

46,25-26 En prosa enunciativa se repite lo mismo, añadiendo el futuro cambio de fortuna. Insiste en la derrota de dioses y gobernantes.

46,27-28 Estos dos versos se leen en 30,10-11, donde encajan perfectamente. Tratándose de un principio general, no es ilegítimo que un lector posterior los aplique a otra situación y los dirija a judíos residentes en Egipto durante la invasión babilónica.

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