viernes, 20 de noviembre de 2015

JEREMÍAS. CAPÍTULO 14.

La sequía

141Cuando la sequía, el Señor
dirigió la palabra a Jeremías:
2Se enluta Judá, desfallecen sus puertas,
se inclinan sombrías, Jerusalén lanza gritos.
3Los nobles envían a sus sirvientes por agua:
van a las cisternas, no encuentran agua,
se vuelven con los cántaros vacíos,
se cubren desencantados la cabeza,
4porque los campos se horrorizan
al faltar la lluvia en el país;
los labradores se cubren la cabeza defraudados;
5Hasta la cierva pare
y abandona en descampado
porque no hay pastos;
6los asnos salvajes se paran en las dunas,
venteando el aire como chacales,
con ojos apagados, porque no hay hierba.
7Si nuestras culpas nos acusan,
Señor, intervén por tu nombre,
que son muchas nuestras apostasías,
hemos pecado contra ti.
8Esperanza de Israel, salvador en el pelibro,
¿por qué te portas como forastero en el país,
como caminante que se desvía para pernoctar?
9¿Por qué te portas como un hombre aturdido,
como soldado incapaz de vencer?
Tú estás con nosotros, Señor; llevamos tu nombre,
no nos abandones.
10Así responde el Señor a este pueblo:
Le gusta mover las piernas, no las escatiman,
pero el Señor no se complace en ellos;
ahora recuerda sus culpas
y castigará sus pecados.

Intercesión y falsos profetas (Jr 7,16-20; 23,9-32; 28; Ez 13)

11El Señor me dijo:
No intercedas a favor de este pueblo.
12Si ayunan, no escucharé sus gritos;
si ofrecen holocaustos y ofrendas, no los aceptaré;
con espada, hambre y peste yo los consumiré.
13Yo objeté:
¡Ay Señor mío! Mira que los profetas les dicen:
"No veréis la espada, no pasaréis hambre,
os daré paz duradera en este lugar".
14El Señor me contestó:
Mentira profetizan los profetas en mi nombre;
no los envié, no los mandé, no les hablé;
visiones engañosas, oráculos vanos,
fantasías de su mente es lo que profetizan.
15Por eso, así dice el Señor a los profetas
que profetizan en mi nombre
sin que yo los haya enviado:
Ellos dicen:
"Ni espada ni hambre
llegarán a este país";
pues a espada y de hambre
acabarán esos profetas;
16y el pueblo a quien profetizan
yacerá por las calles de Jerusalén
a causa del hambre y la espada;
y no habrá quien los entierre
a ellos y a sus mujeres,
a sus hijos e hijas;
les echaré encima sus maldades.
17Diles esta palabra:
Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche, sin cesar,
por la terrible desgracia
de la capital de mi pueblo,
por su herida incurable.
18Salgo al campo:
muertos a espada; entro en la ciudad:
desfallecidos de hambre;
profetas y sacerdotes
recorren el país a la ventura.
19¿Por qué has rechazado a Judá
y sientes asco de Sión?
¿Es que nos has herido sin remedio?
Se espera mejoría y no hay bienestar,
al tiempo de curarse
sobreviene el delirio.
20Señor, reconocemos nuestra culpa
y los delitos paternos;
te hemos ofendido.
21Por tu nombre, no nos rechaces,
no desprestigies tu trono glorioso,
recuerda tu alianza con nosotros,
no la rompas.
22¿Hay entre los ídolos paganos
uno que dé lluvia?
¿Suletan solos los cielos sus aguaceros?
Tú, Señor, eres nuestro Dios,
en ti esperamos,
porque eres tú quien hace todo eso.
(Ex 32,9-14; Nm 14,13-19; Sal 99,6)

Explicación.

14,1-10 En tiempo de grave sequía, que implica hambre y mortandad, el profeta intercede por el pueblo, confesando el pecado colectivo y pidiendo perdón. El Señor deniega la petición: compárese con el éxito de Jl 1-2. Apurado el esquema, tras breve diálogo, se repite, pasando de la sequía a la invasión militar:

descripción        2-6               17-18
intercesión         7-9               20-22
rechazo              10                15,1-4
diálogo                                11-16

14,2-6 La descripción es rápida y eficaz. En cada grupo dos pinceladas: poblados y capital, nobles y labradores, cierva y asno salvaje.

          Tres figuras femeninas: la capital, la tierra, la cierva: ¿todas despiadadas como la última?

14,2 Is 24,11; Sal 144,14,

14,8a En hebreo "esperanza" consuena con "lago" y "depósito" (Eclo 50,3; Is 22,11); "en el peligro" consuena con "sequía".

14,8b-9 Jeremías descubre que el Señor está, sí, en la ciudad; pero no como habitante solidario y comprometido, sino como emigrante, como viajero que se hospeda una noche sin preocuparse de los asuntos locales. Con su fama de guerrero victorioso, ahora parece un soldado derrotado. El Señor debe reaccionar porque su fama está comprometida.

14,10 Dios no acepta tales razones. Si está en medio de su pueblo, ¿por qué tanto viaje a santuarios ajenos o a solicitar alianzas? Dios no está aturdido; se acuerda, sí, de las culpas para castigarlas.

14,11 Se abre un diálogo. Dios prohíbe al profeta interceder (11-12), el profeta aduce un atenuante: tienen la culpa los falsos profetas (13); el Señor condena a esos profetas (14-16), pero no retira la amenaza (17); de nuevo el profeta describe la situación trágica (18-19) e intercede confesando (20) y alegando tres razones divinas: nombre, trono y alianza (21). El Señor responde: última palabra (5,1-4).

14,12 Sobre el ayuno: Is 58; Zac 7. Sobre sacrificios: 6,20; 7,21.

14,13 Jeremías no reacciona despechado, porque la gente no le haga caso a él, sino a los profetas halagadores; se pone de parte del pueblo incauto y engañado. (Llegará el día en que Jeremías y la gente pobre sean quienes se salven: 39).

14,14-16 No vale el argumento. Es verdad que los profetas son más culpables: despedidos por Dios, convierten su fantasía en dios inspirador y la sintonizan con el gusto del pueblo; son artistas del engaño (Ez 13). Con todo, también el pueblo es culpable, porque está deseando creerse las promesas venturosas: 5,12; 6,14; 23,17.

14,17 El enlace es difícil. A manera de hipótesis, propongo la siguiente explicación. El profeta va a reaccionar compasivamente al mensaje, al parecer despiadado, del Señor. Dios toma esa reacción y la convierte en oracular. Ya que el profeta se resiste a conminar, que llore públicamente: su llanto impotente será profecía de la desgracia irremediable; sigue la visión intuitiva de la catástrofe. Otra explicación supone que aquí comienza otro oráculo.

14,18 "Espada y hambre": anunciados en 12.13.15 y 16.

14,19-22 En la interpretación propuesta, el profeta salta de la visión a la súplica apasionada, como no pudiendo contenerse, como insatisfecho de las lágrimas, como apostando a su vocación profética de intercesor. Se puede comparar con salmos de súplica: 44, 74 y 79.

14,20 "Delitos paternos": expresa la solidaridad histórica, como en el Sal 106,6 y en oraciones penitenciales postexílicas.

14,21 El "nombre" es también la fama, el honor personal: 13,11; 14,7. El "trono" se encuentra en el templo: 3,17; 17,2; Is 6,1. Sobre la "alianza" véase 31,31-33.

14,22 Después de la visión bélica, retorna el tema de la lluvia y de la sequía planteado al principio del capítulo, y en su relación con la divinidad, que es expresión de lealtad al Dios de la alianza, incluso repitiendo el "esperar".

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