viernes, 20 de noviembre de 2015

JEREMÍAS. CAPÍTULO 35.

Los recabitas

351Palabras que el Señor dirigió a Jeremías en tiempo de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá:
2-Vete a la familia de los recabitas, habla con ellos, tráelos al templo, a una de las celdas, y dales a beber vino.
3Yo tomé a Yazanías, hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, con sus hermanos e hijos y con toda la familia de los recabitas. 4Los llevé al templo, a la celda de Benhanán, hijo de Yigdalías, el hombre de Dios, que está junto a la sala de los dignatarios y encima de la habitación de Maasías, hijo de Salún, el portero. 5Ofrecí jarras y copas de vino a los miembros de la familia recabita, y les dije:
-Bebed.
6Ellos respondieron:
-No bebemos vino. Porque Jonadab, hijo de Recab, nuestro antepasado, nos dio la orden: No beberéis jamár vino, ni vosotros ni vuestros hijos; 7no construiréis casas, no sembraréis simientes, no plantaréis ni poseeréis viñas, sino que habitaréis en tiendas toda la vida para que viváis largos años en la superficie de la tierra en la que residís. 8Nosotros obedecemos a Jonadab, hijo de Recab, nuestro antepasado, en todo lo que nos mandó: No bebemos vino en toda la vida, ni nosotros ni nuestras esposas, ni nuestros hijos ni nuestras hijas; 9no construimos casas para habitarlas, ni tenemos viñas ni campos de sembradío, 10sino que vivimos en tiendas, y acatamos y cumplimos todo lo que nos mandó nuestro padre Jonabad. 11Pero cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, invadió el país, dijimos: Vamos a Jerusalén, huyendo del ejército caldeo y del ejército arameo. Por eso habitamos en Jerusalén.
12El Señor dirigió la palabra a Jeremías:
13-Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Vete y di a los judíos y a los habitantes de Jerusalén: ¿No aprenderéis la lección y obedeceréis mis palabras? -oráculo del Señor-. 14Se cumple la palabra de Jonadab, hijo de Recab, que prohibió a sus hijos beber vino, y no beben vino hasta hoy, porque obedecen los mandatos de su padre. En cambio, yo os hablo sin cesar, y vosotros no me hacéis caso. 15Sin cesar os envié a mis siervos los profetas a que os dijeran: Que se convierta cada cual de su mala conducta y que enmiende sus acciones; no sigáis a dioses extraños, dándoles culto; así habitaréis en la tierra que os di a vosotros y a vuestros padres. Pero no prestasteis oído ni me hicisteis caso. 16Realmente, los hijos de Jonadab, hijo de Recab, observan los mandatos que les mandó su padre, pero este pueblo no me hace caso. 17Por eso, así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Yo haré caer sobre Judá y sobre los habitantes de Jerusalén todas las amenazas que he pronunciado contra ellos, porque les hablé, y no me escucharon; los llamé, y no me respondieron.
18A la familia de los recabitas les dijo Jeremías:
-Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Porque obedecéis los preceptos de Jonadab, vuestro padre, y observáis sus mandatos y cumplís cuando os mandó, 19por eso así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Nunca faltarán descendientes de Jonadab, hijo de Recab, que estén a mi servicio todos los días.

Explicación.

35,1-19 Cronológicamente este episodio precede al menos en diez años al anterior; literariamente funciona como contraste. Es un oráculo en acción, o acción simbólica, para la cual el profeta utiliza una comparsa. Lo digo en términos dramáticos, pues en realidad la comparsa no finge, sino que ofrece su modo de vida como lección, como ilustración del oráculo profético.

Conocemos a Jonadab por su colaboración con Jehú en la lucha contra el baalismo (2 Re 10,15-27). Recab, el antepasado, es desconocido. Ese clan reducido ha mantenido tenazmente el estilo de vida nomádico; colegimos que se dedicaba al pastoreo. No es que semejante vida representase entonces un ideal para Israel o para Jeremías; lo ejemplar era la fidelidad a la tradición paterna. Es una modesta afirmación de pluralismo, recuerdo vivo de tiempos patriarcales, incluso testimonio en un momento en que muchos judíos han de ser peregrinos forzados.

35,2-4 Siendo Jeremías de familia sacerdotal, parece que tenía fácil acceso a algunas dependencias del templo. Allí la ceremonia revestía mayor solemnidad, aunque no parece tratarse de un acto litúrgico.

35,6-10 Los recabitas alegan simplemente el valor formal del mandato y cumplimiento, sin discutir el contenido; hablan en el estilo del Deuteronomio. Entre las prohibiciones mencionan "construir y plantar", dos verbos básicos de la vocación de Jeremías (1,10).

La respuesta de Dios discurre en el mismo cauce de mandato y cumplimiento y en el mismo estilo de predicación.

35,19 "Nunca faltarán": como en 33,17s; "a mi servicio": como 15,19 y 18,20. Se trataría de servicios auxiliares en el templo o para el templo: ¿suministrar corderos, puesto que eran pastores? Además parece sugerir que no se rompería la tradición nomádica en Israel.

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