viernes, 20 de noviembre de 2015

JEREMÍAS. CAPÍTULO 38.

Condenado a muerte y liberado


381Safatías Ben Matán; Godolías, hijo de Pasjur; Yucal, hijo de Selamías, y Pasjur, hijo de Malquías, oyeron las palabras que dijo al pueblo Jeremías: 2"Así dice el Señor: El que se quede en esta ciudad morirá a espada, de hambre o de peste; el que se pase a los caldeos será tomo como botín, pero salvará la vida. 3Y así dice el Señor: Esta ciudad será entregada al ejército del rey de Babilonia para que la conquiste". 4Y los dignatarios dijeron al rey:

-Muera ese hombre, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.
5Respondió el rey Sedecías:
-Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.
6Ellos prendieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
7Ebedmélec, un criado del rey, eunuco nubio que también vivía en palacio, se enteró de que habían metido a Jeremías en el aljibe. Mientras el rey estaba sentado junto a la Puerta de Benjamín, 8Ebedmélec salió de palacio y habló al rey:
9-Majestad, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre (porque no quedaba pan en la ciudad).
10Entonces el rey ordenó a Ebedmélec, el nubio:
-Toma tres hombres a tu mando y sacad al profeta Jeremías del aljibe antes de que muera.
11Ebedmélec tomó a su mando los hombres, entró en el ropero de palacio y allí tomó tiras y trapos, y los descolgó con la soga hasta el aljibe.
12Y Ebedmélec, el nubio, dijo a Jeremías:
-Colócate los trapos en los sobacos, por debajo de la soga.
Y Jeremías lo hizo.
13Entonces tiraron de Jeremías con la sogas y lo sacaron del aljibe. Y Jeremías se quedó en el patio de la guardia.


Último encuentro



14El rey Sedecías mandó que le trajeran al profeta Jeremías, a la tercera entrada del templo; y el rey dijo a Jeremías:

-Quiero preguntarte una cosa: no me calles nada.
15Respondió Jeremías a Sedecías:
-Si te lo digo, seguro que me matarás, y si te doy un consejo, no me escucharás.
16El rey Sedecías juró en secreto a Jeremías:
-¡Vive el Señor, que nos dio la vida!, que no te mataré ni te entregaré en poder de estos hombres que te persiguen a muerte.
17Respondió Jeremías a Sedecías:
-Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Si te rindes a los generales del rey de Babilonia, salvarás la vida y no incendiarán la ciudad; viviréis tú y tu familia. 18Pero si no te rindes a los generales del rey de Babilonia, esta ciudad caerá en manos de los caldeos, que la incendiarán, y tú no escaparás.
19El rey Sedecías dijo a Jeremías:
-Tengo miedo que me entreguen en manos de los judíos que se han pasado a los caldeos y que me maltraten.
20Respondió Jeremías:
-No te entregarán. Obedece al Señor en lo que te comunico y te irá bien, y salvarás la vida. 21Pero si te niegas a rendirte, éste es el oráculo que me ha comunicado el Señor: 22Escucha: todas las mujeres que han quedado en el palacio real de Judá serán entregadas a los generales del rey de Babilonia, y cantarán:
"Te han engañado y te han vencido
tus buenos amigos:
han hundido sus pies en el barro
y se han marchado".
23Todas tus mujeres y tus hijos se los entregarán a los caldeos, y tú no te librarás de ellos, sino que caerás en poder del rey de Babilonia, que incendiará la ciudad.
24Sedecías dijo a Jeremías:
25-Que nadie sepa de esta conversación y no morirás. Si los jeres se enteran de que he hablado contigo y vienen a preguntarte: "Cuéntanos lo que has dicho al rey y lo que él te ha dicho; no nos lo ocultes, que no te mataremos", 26tú les responderás: "Estaba presentando mi súplica al rey para que no me llevasen de nuevo a casa de Jonatán, a morir allí".
27Vinieron los dignatarios y le preguntaron, y él respondió según las instrucciones del rey. Así, se fueron sin decir más, porque la cosa no se supo. 28Y así se quedó Jeremías en el patio de la guardia, hasta el día de la conquista de Jerusalén.


Explicación.


38,1 El partido de la resistencia se moviliza en cuatro de sus representantes de más influjo. El relato nos deja percibir que representan a otros muchos. Año 587.

38,2 El oráculo se lee en 21,9 como problema de vida o muerte. Es el programa de la rendición.

38,3-4 El planteamiento de los dignatarios es tan radical como el del profeta: se juega el bienestar o la desgracia del pueblo. Por el bien de todo el pueblo, hay que eliminar a uno (cfr. Jn 11,50; 18,14). ¿A quién toca definir lo que ahora es el bien del pueblo?

38,5 El rey comprende que, tengan o no razón, tienen más poder; incluso que el rey. ¿No es por culpa de Sedecías?, ¿podemos decir que tienen más culpa los ministros?

38,6 Equivale a una condena a muerte lenta: oscuridad, hambre, soledad (cfr. Sal 40,3 y 69,3.15). En este momento ¿está el Señor con Jeremías, como le había prometido (1,8)?, ¿no le "han podido" sus enemigos?

38,7 Es significativo que sea un extranjero, aunque influyente y con fácil acceso al rey. Sedecías "estaba sentado" despachando asuntos, concediendo audiencias, administrando justicia (22,3.15).

38,9 Son palabras valientes, porque el empleado está acusando a personajes influyentes en política. Plantea el asunto puramente en términos de justicia. El rey encuentra en el extranjero un ejemplo y apoyo a su debilidad.

38,10-13 Y por medio del sentido de justicia y el valor de un extranjero, el Señor cumple su promesa a su profeta. Con todo, la liberación es parcial, porque Sedecías no se atreve a romper sus ataduras.

38,14-28 Así se llega al último encuentro del rey con el profeta. Es, en nombre de Dios, la última ocasión de decidir la suerte del pueblo y del monarca. Decisión histórica, trascendental. Sedecías la elude, ocupándose de sus miedos mezquinos, entregándose al juego del escondite con sus ministros. El hecho de llamar de nuevo a Jeremías documenta su angustia e indecisión. Quiere el oráculo y lo teme, espera y duda que sea favorable, quiere seguirlo, hasta cierto límite.

38,15 La respuesta es terapéutica: intenta conducir al rey a la sinceridad necesaria para escuchar; intenta conjurar de antemano posibles reacciones contra el mensaje de Dios.

38,16 Responde a lo primero, no a lo segundo. Jura por el Dios vivo, en favor de una vida, contra enemigos mortales. Pero en secreto (37,16), es esclavo de su miedo.

38,17-18 El profeta reitera lo dicho (27,12), apuntando la alternativa. No hay nuevo oráculo para el rey.

38,19 Si teme más a sus paisanos que a los caldeos, significa que los dos partidos judíos habían enconado su rivalidad.

38,22 Las mujeres, incluido el harén real, solían ser botín de guerra (Jue 5,30). Las coplas de las mujeres son uso tradicional (1 Sm 18,7). El texto de la copla es muy intencionado, como un  reverso de copla de plañidera. "Engañado (Is 36,18), podido (Jr 1,19; 15,20; 20,7-11), hundirse (28,6)". Los "buenos amigos": quienes se presentaban solícitos del bien público (38,4), los que todo lo veían fácil (6,14), los que prometían paz (23,17; 28,9). Es decir, los exponentes del partido de la resistencia, en particular los falsos profetas.

38,24-26 Confrontado con la última alternativa histórica, el rey se refugia en la oscuridad culpable; y ofrece al profeta la vida a cambio del silencio.

38,27-28 Jeremías retorna a su prisión, Sedecías a su jaula de fútil autoridad. El silencio connivente del profeta es un acto de sumisión y de compasión.

El acto siguiente será la caída de la ciudad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario