viernes, 20 de noviembre de 2015

JEREMÍAS. CAPÍTULO 10.

El Señor y los ídolos (Is 44,9-20; Sal 115; Bar 6)

101Israelitas, escuchad esta palabra
que el Señor os dirige:
2Dice el Señor: No imitéis
la conducta de los paganos,
no os asusten los signos celestes
que asustan a los paganos.
3Los ritos de esos pueblos son falsos:
Corta un leño en el bosque,
lo trabaja el artífice con la gubia,
4lo adorna de oro y plata,
lo sujeta con clavos y martillo,
para que no vacile.
5Son espantapájaros de melonar, que no hablan;
hay que transportarlos, porque no andan;
no los temáis, que no pueden
hacer ni mal ni bien.
6No hay como tú, Señor; tú eres grande,
grande es tu fama y tu poder,
7¿quién no te temerá?
Tú lo mereces, Rey de las naciones;
entre todos tus sabios y reyes,
¿quién hay como tú?
8Sin distinción son necios e insensatos,
educados por una ficción de leño.
9De Tarsis importan plata laminada, oro de Ofir,
lo trabajan el orfebre y el fundidor,
lo revisten de grana y púrpura;
pura obra de artesanos.
10En cambio, el Señor es Dios verdadero,
Dios vivo y rey de los siglos:
bajo su cólera tiembla la tierra,
las naciones no soportan su ira.
11(Por eso les diréis:
Dioses que no hicieron cielo y tierra
desaparezcan de la tierra y bajo el cielo).
12Él hizo la tierra con su poder,
asentó el orbe con su maestría,
desplegó el cielo con su habilidad.
13Cuando él ruge retumban las aguas del cielo,
hace subir las nubes desde el horizonte,
con los rayos desata la lluvia
y saca los vientos de sus silos.
14El hombre con su saber se embrutece,
el orfebre con su ídolo fracasa:
son imágenes falsas, sin aliento,
15son vanidad y chapucería;
el día de la cuenta perecerán.
16No es así la porción de Jacob,
sino que lo hizo todo:
Israel es la tribu de su propiedad
y su nombre es Señor de los ejércitos.

Los rebaños se dispersan (Jr 23,1-8; Ez 34)

17Recoge tus haberes y sal,
población asediada,
18porque así dice el Señor: Esta vez
lanzaré con honda a los habitantes del país,
los estrujaré hasta exprimirlos.
19¡Ay de mí, qué desgracia,
mi herida es incurable!
Yo que decía:
Es una dolencia, me aguantaré.
20Mi tienda está deshecha,
las cuerdas arrancadas,
se me han ido los hijos y no queda ninguno,
no hay quien plante mi tienda
y sujete las lonas.
21Los pastores están embrutecidos,
no consultan al Señor,
por eso no atinan, y los rebaños se desperdigan.
22Escuchad un mensaje: Ya llega
con gran estruendo del país del norte,
para convertir los poblados de Judá
en desolación, en guarida de chacales.
23Ya lo sé, Señor, que el hombre
no es dueño de sus caminos,
que nadie puede establecer su propio curso.
24Corrígenos, Señor, con medida,
no nos hagas menguar con tu cólera;
25descarga tu ira sobre las naciones
que no te reconocen,
sobre las tribus que no invocan tu nombre,
porque han devorado y consumido a Jacob
y han asolado sus pastos.

Explicación.

10,1-16 Colocada esta composición con ocasión de la primera o la segunda deportación, se comprende como aviso de despedida, encargo a los desterrados para que salven lo más importante: su adhesión exclusiva al Señor Dios de Israel. La victoria del emperador de Babilonia parecía demostrar la superioridad de sus dioses; además, faltando en tierra extranjera el culto al Señor, podían los judíos sentirse atraídos por el esplendor de las ceremonias religiosas de sus nuevos señores. Del tema se ocuparán: Is 44,9-20; Dn 14 y la Carta de Jeremías. Algunos piensan que no es Jeremías el autor, sino un judío en el destierro.

          Procede en tres ondas paralelas: los ídolos y sus fabricantes / el Señor Creador, 2-5 y 6-7, 8-9 y 10-13, 14-15 y 16. Con una abjuración en arameo, a manera de jaculatoria, 11. Tres veces repite que los ídolos son "vanidad" o vaciedad: como en 2,5; 8,19; 14,22; 51,18. Sobre su incapacidad de obrar, Sal 115 y 135.

10,1 Al llamar a los judíos desterrados "Casa de Israel" parece recordarles su entronque con el pueblo elegido, que ahora representan. La intimidación puede ser recurso para inducir a la idolatría.

10,2 Is 8,11.

10,5 Hacer bien y mal compete al Señor: Dt 28,63; Jos 24,20.

10,6 Coincide con la predicación de Isaías II; también Sal 86,8.

10,7 El mismo título se lee en Ap 15,3.

10,8 Véase Hab 2,19.

10,10 Los tres títulos se contraponen: verdadero frente a los falsos, vivo frente a los inertes, rey eterno frente a hechura reciente. La tierra reacciona temblando a la teofanía: Jue 5,4; Is 13,13; Sal 18,8.

10,12-16 Estos versos se repiten en 51,15-19.

10,12 Por razón del contexto, exalta la destreza artesana (Sal 136,5) más que la palabra eficaz (Sal 33).

10,14-15 El ídolo desacredita al orfebre, porque, en vez de probar su destreza, delata su insensatez.

10,14 Sab 15,7-13.

10,16 El señor escogió a Israel como heredad o propiedad personal (Ex 19,5), Israel escogió al Señor, excluyendo otros dioses (Jos 24).

10,17-25 "Esta vez" llega el final: ya no es simple amenaza (1,14) ni un castigo más en una serie. Como hondero gigantesco, el Señor coloca en el cuero de su honda al pueblo, lo voltea y lo lanza con fuerza y puntería a gran distancia (cfr. 1 Sm 25,29; Is 22,17s). ¿Cuál es la reacción a tal anuncio? El enemigo acude a cumplir la sentencia (22), los jefes son pastores incompetentes (21), la ciudad personificada se lamenta (19s), el profeta intercede (23s). El poeta altera el orden lógico, cambiando sin avisar los que hablan en la escena: (17) el profeta a la población, (18) el Señor, (19-21) la capital, (22) el profeta al pueblo, (13-25) el profeta al Señor.

10,18 Del asedio al destierro: véase la pantomima de Ez 12,1-16.

10,19 No ha sabido apreciar la gravedad del mal: como la cura superficial de 8,11.

10,20 La urbe en figura de tienda, en imagen matriarcal de beduinos: Is 54,2.

10,21 Los passtores: 5,31; 12,10; 23,1s. "No consultan": por medio del profeta, se atienen a los consejeros políticos desatinados. Vale para Joaquín y para Sedecías.

10,22 Se consuma lo anunciado en 1,14; 4,6.15; 6,1.22; 8,16; 9,10.

10,23-24 Como atenuante, el profeta apela  a la condición humana, no a la alianza o la promesa. Si el hombre no es plenamente responsable, el castigo no debe ser desmedido: Sal 6,2; Sab 12,18-21.

10,25 Cita casi literal de Sal 79,6s; en este puesto suena a adición muy posterior. Véase también Eclo 36,8s.

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