sábado, 22 de agosto de 2015

ISAÍAS. CAPÍTULO 9.

91El pueblo que caminaba a oscuras
vio una luz intensa,
los que habitaban un país de sombras
se inundaron de luz.
2Acreciste la alegría, aumentaste el gozo:
gozan en tu presencia, como se goza en la siega,
como se alegran los que se reparten el botín.
3Porque la vara del opresor, el yugo de sus cargas,
su bastón de mando
los trituraste como el día de Madián.
4Porque la bota que pisa con estrépito
y la capa empapada en sangre
serán combustible, pasto del fuego.
5Porque un niño nos ha nacido,
nos han traído un hijo:
lleva el cetro del principado y se llama
"Milagro de Consejero, Guerrero divino,
Jefe perpetuo, Príncipe de la paz".
6Su glorioso principado y la paz no tendrán fin,
en el trono de David y en su reino;
se mantendrá y consolidará
con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

La ira del Señor (Jer 5; Am 4,6-12)

7El Señor ha lanzado una amenaza contra Jacob,
ha alcanzado a Israel;
8la entenderán el pueblo entero,
Efraín y los jefes de Samaría,
que van diciendo con soberbia y presunción:
9"¿Se cayaron los ladrillos?,
pues reconstruiremos con sillares;
¿se derrumbó el maderamen de sicómoro?,
pues lo reemplazaremos con cedro".
10El Señor incitará contra ellos al enemigo
y azuzará a sus adversarios:
11por delante Damasco,
por la espalda los filisteos
devorarán a Israel a boca llena.
Y, con todo, no se aplaca su ira,
sigue extendida su mano.
12Pero el pueblo no se ha vuelto al que lo hería,
no ha buscado al Señor de los ejércitos.
13El Señor cortará a Israel cabeza y cola,
palma y junco en un solo día.
14(El anciano honorable es la cabeza,
el profeta embaucador es la cola).
15Los que guían a ese pueblo lo extravían,
los que se dejan guiar son aniquilados.
16Por eso el Señor no perdona a los jóvenes,
no se compadece de huérfanos y viudas;
porque todos son impíos y malvados
y toda boca profiere infamias.
Y, con todo, no se aplaca su ira,
sigue extendida su mano.
17Sí, la maldad está ardiendo como fuego
que consume zarzas y cardos,
prende en la espesura del bosque,
y se enrosca la altura del humo.
18Con la ira del Señor arde el país,
y el pueblo es pasto del fuego:
19b uno devora la carne de su prójimo
18b y ninguno perdona a su hermano;
19a destroza a diestra, y sigue con hambre,
devora a siniestra, y no se sacia.
20Manasés contra Efraín, Efraín contra Manasés,
juntos los dos contra Judá.
21Y, con todo, no se aplaca su ira,
sigue extendida su mano.

Explicación.

9,1 En la tiniebla, símbolo del caos y la muerte, surge repentina la luz como en una nueva creación.

9,3 El "día de Madián" es la victoria de Gedeón, cuando las antorchas brillaron en la noche espantando al enemigo (Jue 7).

9,4 Visión impresionista de la guerra, en trazos visual y auditivo.

9,5 El verso más breve y más denso. El verbo está en pasiva, sugiriendo que el dador es Dios. El recién nacido recibe un nombre cuádruple: cuatro oficios de corte -evitando el título de rey- cada uno con una determinación que lo eleva a esfera sobrehumana.

9,6 Se explica el nombre, en un horizonte sin límites, con el centro en la dinastía davídica. No hay falta ni limitación en esa paz y justicia que se dilatan en el espacio y el tiempo. La explicación no recoge el título de "guerrero". Los cristianos aplicaron el texto a Jesucristo. El "celo" o amor apasionado del Señor cumplirá esta promesa (Jl 2,18; Zac 1,14).

9,7-21 Empalma con 5,25, como indica el estribillo. Se trata de una serie de escarmientos inoperantes por la contumacia del pueblo. La "ira" del Señor es su sentencia judicial. Reos y víctimas son el pueblo del norte con su capital.

9,7-8a El oráculo es una entidad corpórea y activa (cfr. Is 55,11; Sab 18,15). La palabra hace lo que dice y explica lo que hace, y así se hace entender; pero no consigue producir la conversión.

9,8b-11 El pecado es presunción contra Dios; el hombre pretende hacer y mejorar lo que Dios deshizo (cfr. Ecl 7,13). El castigo es un doble frente sin escapatoria.

9,10 Is 19,2.

9,12 En el verbo "volver" suena negado el nombre del hijo de Isaías.

9,13-14 Expresión proverbial, con glosa aclaratoria.

9,15 Es pecado y castigo. Pecado: de los guías que extravían, de los guiados que se dejan extraviar. Castigo, porque la población entera se encamina a la ruina.

9,16 El castigo comprende a todos, incluso a los que tradicionalmente protege al Señor (Dt 10,18; 24,17; Sal 68,6). Aquí podríamos leer 5,24-25, donde el pecado es rechazar la ley y la palabra de Dios y el castigo se ejecuta en imagen de fuego.

9,17-20 La ira de Dios arde como fuego que tiende a consumir. Fuego es la maldad destructora del hombre, es la ira abrasadora de Dios, es la guerra civil devoradora.

9,20 Efraín y Manasés son los dos hermanos hijos de José (Gn 49): superan sus rencillas para unirse contra el "hermano" mayor, Judá. No es lo que recomendó Jacob al morir y practicó José (Gn 50).

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