sábado, 22 de agosto de 2015

ISAÍAS. CAPÍTULO 22.

Contra Jerusalén (Jr 21,13s; 22,20-23; Is 29,1-16)

221Oráculo del Valle de la Visión*:
pero ¿qué te pasa
que te subes en masa a las azoteas?,
2llena de ruido, urbe estridente,
ciudad divertida.
Tus caídos no han caído a espada
no han muerto en combate;
3todos tus jefes desertaron en bloque,
sin un disparo de arco cayeron prisioneros;
todas sus tropas fueron copadas
cuando se alejaban huyendo.
4Por eso digo: Dejad de mirarme
y lloraré amargamente,
no porfiéis en consolarme
de la derrota de mi pueblo.
5Aquel era un día de pánico,
de humillación y desconcierto
que enviaba el Señor de los ejércitos.
En el Valle de la Cisión socavaban los muros,
y se oían gritos por los montes.
6Elam se cargaba la aljaba,
había jinetes y carros de Aram,
Quir desnudaba el escudo.
7Tus valles mejores se llenaban de carros,
los jinetes cargaban contra la puerta,
8dejando desguarnecido a Judá.
Aquel día, inspeccionabais el arsenal
en el palacio de columnas de madera
9y mirabais cuántas brechas tenía
la ciudad de David;
recogíais el agua en el aljibe de abajo.
10hacíais recuento de las casas de Jerusalén,
demolíais casas para reforzar la muralla,
11entre los dos muros hacíais un depósito
para el agua del aljibe viejo.
Pero no os fijabais en el que lo ejecutba
ni mirabais al que lo dispuso hace tiempo.
12El Señor de los ejércitos os invitaba aquel día
a llanto y a luto,
a raparos la cabeza y a ceñir el sayal;
13pero vosotros, fiesta y alegría,
a matar vacas, a degollar corderos,
a comer carne, a beber vino,
"a comer y a beber, que mañana moriremos".
14Me ha comunicado su decisión
el Señor de los ejércitos:
"Juro que no se expiará
ese pecado vuestro hasta que muráis"
-lo ha dicho el Señor de los ejércitos-.

Contra el mayordomo de palacio

15Así dice el Señor de los ejércitos:
Anda, ve a ese mayordomo de palacio, a Sobná,
16bque se labra en lo alto un sepulcro
y se excava en la piedra un mausoleo:
16a¿Qué tienes aquí, a quién tienes aquí,
que te labras aquí un sepulcro?
17Mira, el Señor te arrojará con violencia:
te aferrará con fuerza
18y te hará dar vueltas y vueltas como un aro
sobre la llanura dilatada.
Allí morirás, allí pararán tus carrozas de gala,
baldón de la corte de tu señor.

Nuevo mayordomo

19Te echaré de tu pueblo, te destituiré de tu cargo. 20Aquel día llamaré a mi siervo Eliaquín, hijo de Jelcías: 21le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será un gobernante para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá. 
22Le pondré en el hombro
la llave del palacio de David:
lo que él abra nadie lo cerrará,
lo que él cierre nadie lo abrirá.
23Lo hincaré como un clavo en sitio firme,
dará un trono glorioso a su familia;
24colgarán de él los nobles de su familia,
vástagos y descendientes,
toda la vajilla menor, de bandejas a cántaros.
25Aquel día -oráculo del Señor de los ejércitos-
cederá el clavo hincado en sitio firme,
y la carga colgaba de él
se soltará, caerá y se romperá
-lo ha dicho el Señor-.

Explicación.

22,1-14 El oráculo profético se vuelve contra la población de la capital. La descripción responde bien a la invasión asoladora de Senaquerib; pero el comienzo es dudoso. Algunos piensan que los versos 1-2a y 13 expresan el alborozo de los vecinos por la retirada de los asediantes; otros lo interpretan como conducta reiterada de gente que no quiere escarmentar.

           El pecado es el mismo de 1,2 "no entiende, no recapacita". La falta de sentido religioso se manifiesta en dos actitudes: la ciudad cuida las medidas de defensa y no atiende al plan de Dios; el Señor los invita al llanto y la penitencia, y ellos responden banqueteando.

           El orden del poema no es rigurosamente cronológico; con todo, se puede distinguir el avance y el asedio. El profeta denuncia apasionadamente, en nombre del Señor, pero participando en el dolor.

22,1 El título es dudoso en la referencia; algunos corrigen "de Hinnón". "Sube a las azoteas": ¿para hacer duelo? cfr. 15,3, o para hacer fiesta, cfr. Jr 48,38. * = Ge Hizzayon.

22,2a La ciudad lleva dos títulos aquí despectivos. "Estridente" o ruidosa, bullanguera (PRov 9,13). El segundo es ambiguo: divertida o triunfalista, segura de su fuerza.

22,2b-3 Las tropas no supieron oponer resistencia: cfr. 10.28-32.

22,4 El profeta asume el duelo que la población rehúsa (13).

22,5a Lo que sucede es un "día" del Señor para ejecución de un castigo.

22,5b-8a Trazos sueltos sugieren la situación confusa, más que describirla con nnitidez. El texto es dudoso.

22,8b-11 Las medidas para la defensa de la capital son precisas, rápidas, regulares. Sólo les falta lo más importante: la dimensión religiosa.

22,12-13 La ceguera está agravada porque precedió la amonestación y el pueblo respondió con gozosa despreocupación. La frase final quizá fuera proverbial. El Señor recoge el desafío implícito en el "moriremos".

22,14 En efecto, morirán y no les valdrán sacrificios expiatorios. Isaías ha sido ministro de un fracaso.

22,15-25 La fórmula "aquel día" sirve para articular el movimiento de tres oráculos unidos por el tema y unificados en la actual disposición: delito y destitución del mayordomo (15-19); nombramiento de un sustituto (20-24); desgracia del segundo (25). Es el único texto de la serie dirigido a un individuo en particular.

22,16 "Labrarse un sepulcro" es quizá el delito. O porque es superior a su familia y rango o por el gasto en momentos de crisis. Asegurarse un sepulcro es en cierto modo perpetuar el nombre, poseer un derecho en la tierra (Gn 21).

22,17-18 La llanura dilatada se opone a la región montañosa de Judá; por tanto, significa el destierro. Allí vagará y dará vueltas, sin patria, sin tierra, sin honor.

22,20-23 Exceptuando el nombre personal, los datos de esta profecía apuntan hacia el tiempo mesiánico. Si Eliacín pertenece al oráculo original, es que en él comienzan a cumplirse promesas, sin agotarse. Al horizonte histórico próximo se sobrepone el remoto.

              "Padre" es título de oficio (9,6). La llave es símbolo de poder. El clavo es la estaca que sujeta la tienda a la tierra firme, que servirá para colgar objetos. El trono es signo de honor y autoridad, quizá con atribuciones judiciales (Sal 122,5).

22,24 ¿Quiere sugerir que se ha aprovechado del cargo para intereses de familia?

22,25 El elegido no aguanta el peso y cede por su culpa, por su abuso interesado. Las grandes promesas no se han cumplido y quedan disponibles para un futuro "siervo".

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