sábado, 21 de noviembre de 2015

JEREMÍAS. CAPÍTULO 46

ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES (Jr 46-51)


461Palabras del Señor al profeta Jeremías sobre las naciones:



Oráculo contra Egipto (Is 19; Ez 29-32)



2Contra Egipto.

Contra el ejército de Necao, faraón de Egipto, que llegó hasta Cárquemis, junto al Éufrates, y fue derrotado por Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto del reinado de Joaquín, hijo de Josías, en Judá.
3Preparad escudo y adarga, lanzaos al ataque,
4ensillad los caballos; a montar, jinetes;
dispuestos con los cascos, bruñid las lanzas,
vestid la coraza.
5¿Qué es lo que veo? Están aterrados,
se baten en retirada sus soldados derrtados
huyen corriendo sin volverse, cercados de pavor
-oráculo del Señor-:
6que no salve la agilidad, que no libre la valentía.
¡Al norte, a la orilla del Éufrates,
tropezaron y cayeron!
7¿Quién es ese que crece como el Nilo
y encrespa sus aguas como los ríos,
8que dice: Creceré, inundaré la tierra,
destruiré ciudades con sus habitantes?
9Montad a caballo; lanzaos, carros;
avanzad, soldados:
nubios y libios que embrazan escudo,
lidios que tensan el arco.
10Ese día es para que el Señor de los ejércitos
día de venganza
para vengarse de sus enemigos.
La espada se ceba, se sacia, chorrea sangre,
porque el Señor de los ejércitos
celebra un banquete
en el norte, a la orilla del Éufrates.
11Sube a Galaad por bálsamo, capital de Egipto:
en vano multiplicas las curas,
tu herida no se cierra.
12Las naciones se enteraron de tu humillación,
pues tus lanceros llenan la tierra.
¡Tropezaron soldado con soldado,
juntos cayeron los dos!
13Palabra que dijo el Señor al profeta Jeremías cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue a derrotar a Egipto:
14Anunciadlo en Egipto, pregonadlo en Migdol, pregonadlo en Menfis y Tafne;
decid: ¡En formación, alerta!,
que la espada se ceba en torno.
15¿Por qué está tendido
tu Buey Apis y no se levanta?
16Porque el Señor lo derribó
poderosamente: tropezó y cayó.
Dicen a sus camaradas: Arriba,
huyamos de la espada mortífera,
a nuestra gente,
a nuestra tierra nativa,
17y por mote llaman al faraón:
"Estruendo a destiempo".
18¡Por mi vida! -oráculo del Rey
que se llama Señor de los ejércitos-.
Como es real el Tabor entre los montes
y el Carmelo junto al mar, sucedera.


19Menfis será una desolación,

incendiada y deshabitada.
Prepara el ajuar del destierro,
población de Egipto;
20Egipto es una novilla hermosa;
desde el norte viene un tábano, viene;
21también sus mercenarios
eran novillos cebados;
huyen juntos sin parar,
porque les llega el día funesto,
la hora de rendir cuentas.
22Oídla, silba como serpiente,
porque avanzan los ejércitos,
la invaden como leñadores con sus hachas,
23talan sus bosques -oráculo del Señor-.
Por muchos e incontables que sean,
aunque sean más que la langosta,
24es derrotada la capital de Egipto
y entregada al ejército del norte.
25Dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel:
Yo tomaré cuentas al Dios Amón de No, a Egipto con sus ídolos y príncipes, al faraón y a los que confían en él. 26Los entregaré en manos del enemigo mortales: de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y sus generales. Después será habitada como antaño -oráculo del Señor-.
27Tú no temas, siervo mío, Jacob;
no te asustes, Israel.
Yo te traeré de lejos, sano y salvo,
y a tu descendencia de la cautividad;
Jacob volverá, descansará,
reposará sin alarmas.
28Tú no temas, siervo mío, Jacob,
que yo estoy contigo -oráculo del Señor-.
Acabaré con todas las naciones
por donde te dispensaré; contigo no acabaré,
aunque no te dejaré impune,
te escarmentaré como es debido.


Explicación.



ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES


La introducción a esta serie se encuentra en 25,15-38, que a su vez suena como respuesta de Dios a la súplica del profeta en 10,25.


La lista recoge los nombres tradicionales: reinos vecinos a oriente y occidente, entre los Imperios de Egipto y Babilonia.



Hay fragmentos simplemente copiados de autores precedentes; en los demás se siguen los temas y procedimientos tradicionales: datos descriptivos del enemigo de turno, referencia o descripción de sus pecados, rasgos estilizados de la movilización y el ataque enemigo, derrota y elegía.



En estos oráculos cumple Jeremías con su misión de "profeta de los paganos" (1, 5.10). El epílogo coincide en gran parte con el final del libro de los Reyes.



46,1 Comienza la serie cuya introducción lógica se lee en 25,15-38.


46,2-28 Atendiendo a las instroducciones, este capítulo se compone de tres piezas más una adición: 2-12.13-24.25-26 + 27-28. La segunda se divide en dos partes: 13-18.19b y 19a.20-24. Egipto es tema común de la serie.

46,2-12 Se refiere a la batalla de Cárquemis, ciudad de abolengo, situada junto al río Éufrates en la Siria septentrional. Conquistarla significaba para el faraón el control de la faja costera y una amenaza al imperio de turno, Asiria o Babilonia. Necao II se jugó allí la hegemonía, frente a Nabucodonosor, y la perdió el año 606.

El oráculo concentra en breve espacio el momento de la partida confiada y el momento de la derrota y la huida. Las voces  se cruzan dramáticamente por encima de los sucesos: voces de mando del general egipcio, voz de Dios y del profeta como espectadores. Es a la vez una elegía por el imperio egipcio derrotado y un himno a la victoria del Señor de la historia.

46,3-4 Los siete imperativos crean la sensación de rapidez y orden. Los carros eran arma vital del ejército egipcio.

46,5 "Cercados de pavor": 6,25; 20,3-10. La derrota se presenta a través de la irrupción lírica del poeta, que comunica su carga de sorpresa y estupor ante lo inesperado.

46,6 "Agilidad" para evolucionar y "valentía" son las dos cualidades tradicionales del soldado (Sal 18,33-34). El norte es a lo largo del libro el lugar de arranque del invasor: 1,13-15; 3,12.18; 4,6 etc.

46,7-8 Siendo el Nilo emblema de Egipto, se aprovecha para una imagen de un ejército que inunda y arrasa (cfr. Is 8,7s). "Encrespar" se dice del mar furioso que Dios domeña (5,22).

46,10 Lo que se prometen como campaña triunfal es una marcha al matadero, adonde Dios los atrae con el cebo de su arrogancia (Is 8,10). Es el día de la justicia vindicativa, del banquete al que Dios convida: Is 34,6; Ez 39,17-20.

46,11 Cambia la imagen: la capital de Egipto en figura de doncella herida que se aplica medicamentos en vano: su herida "no se cierra" (8,22; 14,17; 30,13).

46,13 El segundo oráculo se refiere a la invasión del 568, anunciada al final de los capítulos 43 y 44. Inviertiendo 19a y 19b resultan dos secciones definidas por sendas inclusiones.

En poco espacio se conjura poéticamente la invasión, la defensa, la desbandada, la deportación. Una serie de imágenes y títulos describen el poder de Egipto: El Paladín (= APis), novilla y novillos (20-21), serpiente (22), floresta (23); el título del faraón acaba en mote burlesco.

46,14 Dos ciudades fronterizas y la capital septentrional.

46,15-16a El término ´abbir significa toro, corcel, también capitán o paladín, y puede ser título divino (8,16; 47,3; 50,11). Aquí designa al Buey Apis, dios de la capital a la que debería defender. No lo derrota el emperador babilonio, sino el Señor (cfr. Ex 12,12).

46,16b-17 Los mercenarios o aliados o mercaderes extranjeros abandonan la ciudad cosmopolita y, defraudados, inventan un mote para el faraón.

46,18-19b Nombre y título del Señor se oponen al título de Apis y al mote del faraón: el Señor es un rey que dispone de ejércitos (10,16; 31,35; 32,18). El juramento añade una referencia cósmica (como en 31,35 y 33,20). La comparación resulta paradójica: la palabra de predicción es tan sólida y patente como el Tabor, como el Carmelo que se adentra en el mar. El futuro adquiere corporeidad y consistencia al apoyarse en un juramento divino. Pero la estabilidad de los montes confirma, a través del juramento, la inestabilidad y caída del imperio agresor.

46,19a Comienza la nueva sección.

46,20-21 Novilla y novillos prolongan la imagen del Buey Apis.

46,22a La interpretación es dudosa. El silbido de la serpiente (versión griega) podría aludir al "ureo", o serpiente en el tocado de la cabeza del faraón.

46,22b-23 Texto difícil. Leyendo como concesiva, resulta lo siguiente: aunque sea impenetrable la floresta, entrarán los leñadores y talarán sus árboles; las hachas de cortar leña pueden significar hachas de combate. La imagen de un bosque no cuadra con la vegetación de Egipto; a lo más sería visión hiperbólica de sus oasis.

46,23b-24 La comparación con la langosta es tópica.

46,25-26 En prosa enunciativa se repite lo mismo, añadiendo el futuro cambio de fortuna. Insiste en la derrota de dioses y gobernantes.

46,27-28 Estos dos versos se leen en 30,10-11, donde encajan perfectamente. Tratándose de un principio general, no es ilegítimo que un lector posterior los aplique a otra situación y los dirija a judíos residentes en Egipto durante la invasión babilónica.

viernes, 20 de noviembre de 2015

JEREMÍAS. CAPÍTULO 45.

Para Baruc

451Palabra que dijo Jeremías, profeta, a Baruc, hijo de Nerías, cuando escribió estas palabras en el rollo, al dictado de Jeremías, el año cuarto de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá:
2-Esto dice el Señor, Dios de Israel, para ti, Baruc: 3Tú dices:
¡Ay de mí!, que el Señor
añade penas a mi dolor;
me canso de gemir
y no encuentro reposo.
4Dile esto: Así dice el Señor:
Mira: lo que yo he construido, yo lo destruyo;
lo que yo he plantado, yo lo arranco;
5¿y tú pides milagros para ti?
No los pidas.
Porque yo he de enviar desgracias
a todo ser vivo -oráculo del Señor-
y tú salvarás tu vida como un despojo
adondequiera que vayas.

Explicación.

45,1-5 Este oráculo personal, por la fecha (año 605), se podría leer detrás del cap. 36. El compilador lo colocó aquí para que hiciera compañía a su maestro. La lamentación es escueta; no se puede comparar con las confesiones de Jeremías. La respuesta recoge temas de la vocación del profeta (1,10); su destino es como el de Ebedmélec (39,18). No sabemos de peregrinaciones geográficas de Baruc; sí de sus peregrinaciones literarias, pues su nombre fue usado por autores apocalípticos posteriores y por un libro bíblico tardío.

JEREMÍAS. CAPÍTULO 44.

Últimos oráculos

441Palabras que recibió Jeremías para los judíos que habitaban en Egipto: en Migdol, en Tafne, en Menfis y en tierra de Patros:
2-Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todas las calamidades que envié sobre Jerusalén y sobre las ciudades de Judá: ahí las tenéis hoy, arruinadas y sin habitantes. 3A causa de las maldades que cometieron, irritándome, quemando incienso y dando culto a dioses extraños, que ni ellos ni sus padres conocían. 4Sin cesar os envié a mis siervos los profetas para que os dijeran: No cometáis esas abominaciones que detesto. 5Pero no escuchasteis ni prestasteis oído para enmendaros de la maldad dejando de quemar incienso a dioses extraños. 6Entonces se derramó mi cólera y mi ira, y quemó las ciudades de Judá y las calles de Jerusalén, que se convirtieron en ruina y desolación hasta el día de hoy. 7Pues ahora, así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué os hacéis daño grave a vosotros mismos extirpando de Judá hombres y mujeres, niños y lactantes, sin dejar un resto, 8y me irritáis con las obras de vuestras manos, quemando incienso a dioses extraños en Egipto, donde habéis venido a residir; y así sois extirpados y os convertís en maldición y oprobio de todas las naciones del mundo? 9¿Habéis olvidado las maldades de vuestros padres, de los reyes de Judá y sus mujeres, las maldades vuestras y las de vuestras mujeres cometidas en Judá y en las calles de Jerusalén? 10Hasta hoy no os habéis arrepentido, no habéis temido, no habéis procedido según mi Ley y mis preceptos, que yo os promulgué a vosotros y a vuestros padres.
11Por eso, así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel:
Yo me enfrentaré con vosotros para mal,
para extirpar a Judá.
12Arrebataré el resto de Judá
que se empeñó en ir a Egipto
para residir allí.
Se consumirán todos en Egipto,
caerán a espada o se consumirán de hambre,
del menor al mayor morirán a espada o de hambre,
y serán execración y espanto,
maldición y burla.
13Castigaré a los habitantes de Egipto,
como castigué a los de Jerusalén,
con espada, hambre y peste.
14No quedarán supervivientes del resto de Judá
que vino a residir en Egipto,
ni volverán a Judá,
adonde ansían volver para vivir allí
(No volverán más que algunos fugitivos).
15Todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban incienso a dioses extraños y todas las mujeres que asistían y los que habitaban en Patros respondieron a grandes voces a Jeremías:
16-No queremos escuchar esa palabra
que nos dices en nombre del Señor,
17sino que haremos lo que hemos prometido:
quemaremos incienso a la reina del cielo
y le ofreceremos libaciones;
igual que hicimos nosotros y nuestros padres,
nuestros reyes y jefes en las ciudades de Judá
y en las calles de Jerusalén.
Entonces nos hartábamos de pan, nos iba bien,
y no conocíamos la desgracia.
18Pero desde que dejamos de quemar incienso
a la reina del cielo y de ofrecer libaciones,
carecemos de todo,
y morimos a espada y de hambre.
19Cuando nosotras quemamos incienso y ofrecemos libaciones a la reina del cielo, ¿acaso hacemos tortas con su imagen y le ofrecemos libaciones sin el consentimiento de nuestros maridos?
20Respondió Jeremías al pueblo, hombres y mujeres, y a todos los que habían respondido igual:
21-¿Y no recordaba el Señor y no pensaba en todo el incienso que quemabais en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, vosotros, vuestros padres, vuestros reyes y príncipes y todos los terratenientes? 22El Señor ya no podía soportar vuestras malas acciones, las abominaciones que cometíais; por eso se convirtió vuestra tierra en ruina y espanto y maldición, sin habitantes hasta hoy: 23por haber quemado incienso y haber pecado contra el Señor, desobedeciendo al Señor, no procediendo según su Ley, preceptos y mandatos. Por eso os ha sucedido esa calamidad, que dura hasta hoy.
24Dijo Jeremías al pueblo y a las mujeres:
-Escuchad la palabra del Señor, judíos que vivís en Egipto: 25Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel:
Con la boca lo decís, con la mano lo cumplís:
"Tenemos que cumplir
los votos que hemos hecho
de ofrecer incienso y libaciones
a la reina del cielo".
Ratificaréis vuestros votos,
cumpliréis vuestras promesas.
26Pero escuchad la palabra del Señor, judíos que habitáis en Egipto: Mirad: Yo juro por mi nombre ilustre -dice el Señor- que ya no invocará mi nombre ninguna boca judía, diciendo "vive mi Señor", en todo el país de Egipto. 27Yo vigilaré sobre vosotros para mal no para bien. Se consumirán los judíos de Egipto, con la espada y el hambre y la peste, hasta acabarse. 28(Sólo los escapados de la espada, pocos en número, volverán de Egipto a Judá). Entonces sabrá el resto de Judá que ha venido a residir en Egipto cuál es la palabra que se cumple, la mía o la de ellos.  29Ésta será la señal -oráculo del Señor-: Os castigaré en este lugar, para que sepáis que mis amenazas contra vosotros se cumplen. 30Así dice el Señor: Yo os entregaré al faraón Ofra, rey de Egipto, en manos de los enemigos que lo persiguen a muerte, como entregué a Sedecías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, el enemigo que lo perseguía a muerte.

Explicación.

44,1 Jeremías sigue siendo profeta del Señor en Egipto, sugiriendo que los prófugos, a pesar de todo, siguen siendo pueblo del Señor. El narrador presenta sus últimas palabras como un discurso en estilo deuteronomístico invitando a la conversión. Como una recapitulación a la desesperada de temas dichos y repetidos (especialmente en 7; 11,1-12; 16,10-13; 25,1-11). por la contumacia de los oyentes, el discurso se convierte en sentencia final con motivación. Todos los delitos se concentran en la idolatría, porque se opone al primer mandamiento, que los engloba todos.

44,2 El Señor sigue afirmando su protagonismo, asumiendo la responsabilidad de los hechos y justificando su conducta.

44,4-10 Ni la predicación reiterada de los profetas ni el escarmiento terrible y reciente han servido. El pueblo prosigue en Egipto su idolatría, cambiando divinidades según el lugar de residencia (cfr. Jos 24,14-15). Como en otra ocasión aducía el ejemplo de Siló (7,12) añade ahora el ejemplo de Sión.

44,9 El delito de las mujeres preocupa al predicador (cfr. 1 Re 11,1-4 y 2 Re 11).

44,11-14 Concluye con la sentencia, en prosa rítmica. Insiste en los hombres de Judá y Egipto, en los verbos habitar y volver, en la espada y el hambre. A partir de Egipto no habrá un segundo éxodo.

Al final de un texto categórico, un lector posterior añadió una glosa histórica.

44,15-18 Se llega a la desobediencia formal, al desafío, a retorcer la interpretación de la historia. En términos radicales de bien y mal, bienestar y desgracia, afirman que discurre la historia gobernada por la reina del cielo (Istar). La predicación fundamental del Deuteronomio (29-30) queda rechazada, el puesto del Señor lo ocupa una diosa rival. Quebrantando el primer mandamiento, se rechaza prácticamente el resto.

En la perspectiva del anti-éxodo suena aquí una retractación del compromiso del Sinaí: "si queréis obedecer" (Ex 19,5) / no obedeceremos (16); "haremos cuanto dice el Señor" (Ex 19,8) / haremos lo que hemos prometido (17 a la diosa); "lo que sale de la boca de Dios" (Dt 8,3) / lo que sale de nuestra boca (17).

44,17 "Nos iba bien": comparar con 22,15.

44,18 "Carecemos de todo": lo contrario de Sal 23,1.

44,19 El consentimiento del marido se requería para determinados actos religiosos de la mujer: Nm 30,7-16.

44,21-23 Ante semejante declaración, que suena como definición serpentina sobre el mal y el bien, Jeremías interviene apasionadamente para enderezar la interpretación de los hechos.

44,24-25 Una vez que el reo se confirma en su actitud criminal, no queda más que pronunciar sentencia. Al principio del libro, el profeta rechazaba al pueblo el no confesar su culpa (2,23). Lo que ahora hacen es mucho más grave: confiesan como culpa suya el haber servido exclusivamente al Señor, abandonando a la reina del cielo. Pero el Señor no admite rivales: se retira, y ése será el castigo mayor.

44,26 En la perspectiva del anti-éxodo, la frase adensa su significado. A Moisés le reveló Dios su nombre cuando lo envió a liberar a los hebreos; ahora ese nombre, en Egipto, se dejará de pronunciar. Jeremías es el anti-Moisés que anuncia tan terrible desenlace. Jurando por su nombre, pronunciándolo él mismo, el Señor lo retira de la boca de su pueblo infiel (23,27).

44,27-28 "Vigilaré": retorna el comienzo del libro. Aunque quemen el rollo, aunque se queme el profeta en su misión, aunque deje de pronunciarse el nombre del Señor, su palabra se cumple (Is 40,8).

44,28a Glosa posterior.

44,30 Ofra sucedió a Psamético. Acudió a defender a Sedecías contra los babilonios (43,7); murió en 566 a manos de su pariente y rival Amasis.

JEREMÍAS. CAPÍTULO 43.

A Egipto

431Cuando Jeremías terminó de comunicar al pueblo las palabras del Señor, su Dios; todas las palabras que le encomendó el Señor, su Dios, 2tomaron la palabra Azarías, hijo de Hosayas, y Juan, hijo de Carej, y dijeron a Jeremías:
-¡Mentira! No te ha mandado el Señor, nuestro Dios, decir: 3No vayáis a Egipto a residir allí; sino que Baruc, hijo de Nerías, te incita contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, para que nos maten o nos deporten a Babilonia.
4Y ni Juan, hijo de Carej, ni sus capitanes ni el pueblo obedecieron al Señor, quedándose a vivir en tierras de Judá; 5sino que Juan, hijo de Carej, y sus capitanes reunieron al resto de Judá, que había vuelto de todas las naciones de la dispersión para habitar en Judá: 6hombres y mujeres, niñas y princesas y cuantos Nabusardán, jefe de la guardia, había encomendado a Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán; y también al profeta Jeremías y a Baruc, hijo de Nerías. 7Y llegaron a Egipto, sin obedecer al Señor, y llegaron a Tafne.
8El Señor digirió la palabra a Jeremías en Tafne:
9-Agarra unas piedras grandes y entiérralas en el mortero del pavimento que está en la entrada del palacio del faraón en Tafne, en presencia de los judíos; 10y les dirás: Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Yo mandaré a buscar a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y colocaré su trono sobre estas piedras que he enterrado, y plantará su pabellón sobre ellas. 11Vendrá y herirá a Egipto: el destinado a la muerte, a la muerte; el destinado al cautiverio, al cautiverio; el destinado a la espada, a la espada. 12Prenderá fuego a los templos de Egipto, incendiará sus casas y espulgará Egipto como espulga un pastor su manto, y se marchará de allí en paz. 13Destrozará las estelas de Bet Semes*, en Egipto, y prenderá fuego a los templos de los dioses egipcios.

Explicación.

43,1  Jeremías ha cumplido su oficio pronunciando "todo" lo que Dios le encargó (1,7). Es profeta auténtico y fiel.

43,2-3 Parecen implicar que Baruc desea perversamente que se cumplan las profecías de su maestro; disculpando de paso a Jeremías.

43,4 Repiten la desobediencia de Sedecías y frustran el nuevo comienzo. Por su culpa se cumplirá lo dicho sobre los higos buenos (cap. 24).

43,5-6 El narrador quiere incluir a "todos". Los desterrados a Babilonia podrán ser protagonistas de un nuevo éxodo; los que vuelven a Egipto desandan la historia, anulando sus efectos. Y Jeremías se ve arrollado por esta corriente fatal: es el anti-Moisés.

43,9-12 Aplica lo anunciado sobre el dominio universal de Nabucodonosor, "mi siervo" (cap.27). Es una acción simbólica, ante testigos. El profeta cimenta o coloca un sólido estrado al trono del invasor (cfr. 1,15); Dios mismo (en hebreo) le coloca el trono. Le encarga la ejecución de una sentencia de condena. Por su mano, el Señor ejecuta a dioses paganos y destruye sus templos (46,25s).

43,13 Parece adición posterior, a raíz de los sucesos. Nabucodonosor hizo una expedición contra Egipto el año 568 (ANET 308 B). * =Casalsol.

JEREMÍAS. CAPÍTULO 42.

Consulta a Jeremías

421Entonces los capitanes, con Juan, hijo de Carej, y Yezanías, hijo de Hosayas, y todo el pueblo, del menor al mayor, acudieron al profeta Jeremías 2y le dijeron:
-Acepta nuestra súplica y reza al Señor, tu Dios, por nosotros y por todo este resto; porque quedamos muy pocos de la multitud, como lo pueden ver tus ojos. 3Que el Señor, tu Dios, nos indique el camino que debemos seguir y lo que debemos hacer.
4El profeta Jeremías les respondió:
-De acuerdo; yo rezaré al Señor, vuestro Dios, según me pedís, y todo lo que el Señor me responda os lo comunicaré, sin ocultaros nada.
5Ellos dijeron a Jeremías:
-El Señor sea testigo veraz y fiel contra nosotros si no cumplimos todo lo que el Señor, tu Dios te mande decirnos. 6Sea favorable o desfavorable, obedeceremos al Señor, nuestro Dios, a quien nosotros te enviamos, para que nos vaya bien, obedeciendo al Señor, nuestro Dios.
7Pasados diez días, el Señor dirigió la palabra a Jeremías. 8Éste llamó a Juan, hijo de Carej, a todos sus capitanes y a todo el pueblo, del menor al mayor, 9y les dijo:
Así dice el Señor, Dios de Israel, a quien me enviasteis para presentarle vuestras súplicas:
10Si os quedáis a vivir en esta tierra,
os construiré y no os destruiré,
os plantaré y no os arrancaré;
porque me pesa del mal
que os he hecho.
11No temáis al rey de Babilonia,
a quien ahora teméis;
no lo temáis -oráculo del Señor-
porque yo estoy con vosotros
para salvaros y libraros de su mano.
12Les infundiré compasión
para que os compadezca
y os deje vivir en vuestras tierras.
13Pero si decís: "No habitaremos en esta tierra
-desobedeciendo al Señor, vuestro Dios-,
14sino que iremos a Egipto,
donde no conoceremos la guerra,
ni oiremos el toque de trompetas,
ni pasaremos hambre de pan, y allí viviremos",
15entonces, resto de Judá,
escuchad la palabra del Señor:
Así dice el Señor de los ejércitos:
Dios de Israel:
Si os empeñáis en ir a Egipto para residir allí,
16la espada que vosotros teméis
os alcanzará en Egipto,
el hambre que os asusta
se os pegará en Egipto y allí moriréis.
17Todos los que se empeñen
en ir a Egipto para residir allí,
allí morirán por la espada,
el hambre y la peste,
y no quedará ni un superviviente
de todas las calamidades
que yo les enviaré.
18Porque así dice el Señor de los ejércitos,
Dios de Israel:
Como se derramó mi ira y mi cólera
sobre los habitantes de Jerusalén
así se derramará mi cólera
sobre vosotros si vais a Egipto.
Seréis maldición y espanto,
execración y burla,
y no volveréis a ver este lugar.
19Esto dice el Señor, resto de Judá:
No vayáis a Egipto. Sabedlo bien,
porque yo os lo atestiguo hoy.
20Cierto que os engañáis a vosotros mismos cuando me enviáis al Señor, vuestro Dios, pidiendo que rece por vosotros al Señor, vuestro Dios, y que os comunique todo lo que dice el Señor, vuestro Dios, para cumplirlo. 21Yo os lo he comunicado hoy, y no queréis obedecer al Señor, vuestro Dios, que me ha enviado a vosotros. 22Pues ahora, sabedlo bien: Moriréis a espada, de hambre y de peste en el sitio que escogéis como residencia.

Explicación.

42,1-2 En este momento de pánico reaparece Jeremías solicitado por los capitanes. Su reaparición está marcada por fórmulas conocidas: "súplica" (36,7; 37,20), "reza" (29,7; 37,3). En lógica humana había que temer la represalia feroz de los ocupantes. Si los judíos ya habían decidido refugiarse en Egipto (41,17), suspenden la ejecución para consultar al profeta.

42,2 Am 7,1-6.

42,3  "Camino" suena en sentido propio y metafórico. Hay que notar los títulos del Señor. La suerte del minúsculo grupo encarna la de todo el pueblo.

42,4 Am 3,7.

42,5-6 Al jurar parecen sinceros, aunque la mención de un posible oráculo "desfavorable" llame la atención. Siendo de Dios, tenía que ser favorable, fuera cual fuera. Desfavorable equivalía a difícil, arriesgado, no concorde con el proyecto humano.

42,6 Dt 4,40; 12,25-28.

42,7 Diez días de espera en aquellas circunstancias tuvieron que ser enervantes. El profeta no dispone de la palabra de Dios: Is 8,17; 21,8; Hab 2,1.

42,9-19 La respuesta se divide en dos secciones, para las dos condiciones contrapuestas: 10-12 y 13-19. Se añade una conclusión.

42,10-12 La primera parte es extraordinaria: los principales temas y fórmulas de la vocación de Jeremías se acumulan aquí y se ofrecen a la elección de los capitanes: arrancar, destruir, plantar, construir, no temer, yo estoy con vosotros para salvaros. Jeremías está en medio del pueblo, como oráculo vivo, como mediador de bendición.

42,13-18 La segunda parte es más insistente. Entra en régimen de desobediencia y castigo. Volver a Egipto es fuga y recaída. Egipto había atraído a extranjeros como almacén de grano y como refugio de perseguidos o derrotados. Pues bien, las dos cosas alcanzarán a los prófugos en Egipto: espada y hambre (14,15; 15,2s; 16,4; 21,7s etc.). De Egipto no se volverá.

42,19 Por tercera vez los llama "resto", como suscitando la esperanza y alertando a la responsabilidad. Aquí encajaría la reacción intemperante de los jefes: 43,1-3: como no se esperaban semejante oráculo, lo declaran falso; así no son reos de desobediencia o de quebrantar el juramento. Como respuesta a dicha reacción, se entienden sin más los versos 20-22.

42,20-22 Aceptada la inversión, estos versos significan el anuncio formal de la segunda alternativa. "Os engañáis" (23,13.32): al rechazar la respuesta del profeta auténtico, los capitanes desempeñan ahora la función de los falsos profetas.

JEREMÍAS. CAPÍTULO 41.

Asesinato de Godolías

411El mes séptimo vino Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisamá, de estirpe real, con diez hombres, a visitar a Godolías, hijo de Ajicán, en Mispá; mientras comían juntos allí, 2se levantó Ismael, hijo de Natanías, y sus diez hombres, apuñalaron a Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán, el gobernador del país puesto por el rey de Babilonia, y lo mataron. 3Y a los judíos que acompañaban Godolías en Mispá y a los militares caldeos que se encontraban allí también los mató Ismael.
4Al día siguiente del asesinato de Godolías, cuando nadie lo sabía aún, 5venían unos hombres de Siquén, de Siló y de Samaría, unos ochenta en total, con las barbas rapadas, con las vestiduras rasgadas y con incisiones, trayendo ofrendas e incienso para ofrecer en el templo. 6Ismael, hijo de Natanías, les salió al encuentro desde Mispá y caminaba llorando. Cuando los alcanzó, les dijo:
-Venid a ver a Godolías, hijo de Ajicán.
7Y cuando entraron en la ciudad, Ismael, hijo de Natanías, los asesinó, y apoyado por sus hombres los arrojó en el aljibe. 8Entre ellos había diez hombres que dijeron a Ismael:
-No nos mates, porque tenemos escondido en el campo trigo, cebada, aceite y miel.
El accedió y no los mató como a sus hermanos.
9(El aljibe donde arrojó Ismael los cadáveres de los hombres asesinados, una cisterna grande, es la que construyó el rey Asá por temor a Basá, rey de Israel. Ismael, hijo de Natanías, la llenó de cadáveres).
10Después Ismael apresó al resto del pueblo de Mispá, y a las princesas reales que Nabusardán, jefe de la guardia, había entregado en custodia a Godolías, hijo de Ajicán. Ismael, hijo de Natanías, los hizo prisioneros, y se puso en marcha hacia el territorio amonita.

1Pero Juan, hijo de Carej, y sus capitanes se enteraron del crimen cometido por Ismael, hijo de Natanías. 12Reunieron toda su tropa y marcharon a combatir contra Ismael, hijo de Natanías, y lo alcanzaron junto al Gran Lago de Gabaón. 13Cuando el pueblo que Ismael llevaba cautivo vio a Juan, hijo de Carej, y a sus capitanes, se alegraron. 14Toda la gente que Ismael llevaba cautiva desde Mispá cambió de dirección y se pasó a Juan, hijo de Carej. 15Mientras, Ismael, hijo de Natanías, logró escapar de Juan con ocho hombres, y se fue al país amonita. 16Juan, hijo de Carej, y sus capitanes, recogieron al resto del pueblo que Ismael, hijo de Natanías, había apresado en Mispá, después de matar a Godolías, hijo de Ajicán, soldados, mujeres, niños y eunucos, liberados en Gabaón, 17y marcharon, parando en el albergue de Quimhán, cerca de Belén, con intención de emigrar a Egipto, 18lejos de los caldeos; pues los temían, porque Ismael, hijo de Natanías, había asesinado a Godolías, el gobernador del país nombrado por el rey de Babilonia.

Explicación.

41,1 La fecha corresponde a septiembre, el mes en que se celebran dos fiestas importantes: las Chozas y la Expiación, después de la vendimia y antes de la siembra. El banquete es ocasión propicia y agravante del asesinato (2 Sm 13,28s).

41,2-3 El acto de terrorismo mira a destruir el nuevo comienzo pacífico. Asesinar al prefecto y a militares caldeos, de las fuerzas de ocupación, es rebeldía formal, denuncia de cualquier colaboración. Los judíos conmemoraron la fecha con un ayuno, quizá aluda a él Zac 7,5.

41,4-5 La presencia de estos peregrinos es sorprendente: el autor da importancia al suceso. Proceden de tres localidades  conspicuas del reino septentrional: un eslabón fiel en la cadena de peregrinos septenterionales a Jerusalén, tras la caída de Samaría. Es extraña la noticia sobre el templo, pues tenían que saber que había sido destruido. Quizá se trate de las ruinas, y la visita fuera un homenaje de duelo. Entre las ofrendas que traen no figuran víctimas para sacrificios. Ahora bien, si el templo, aun derruido, conservaba fuerza de atracción, Ismael tenía que neutralizar esa fuerza.

41,9 Según 1 Re 15,16.

41,10 Es como una nueva "deportación del resto", como indican los términos empleados. "Princesas reales": o simplemente damas de corte, empleadas de palacio.

41,12 Véase 2 Sm 2,13.

41,17 Se dirigen hacia el suroeste, evitando la capital.

JEREMÍAS. CAPÍTULO 40.

Godolías, gobernador (2 Re 25,25-26)

401Palabras que el Señor dirigió a Jeremías después que Nabusardán, jefe de la guardia, lo tomó a su cargo en Ramá*, donde se encontraba encadenado entre los deportados de Jerusalén y de Judá que iban desterrados a Babilonia.
2El jefe de la guardia mandó traer a Jeremías, y le dijo:
-El Señor, tu Dios, anunció esta calamidad contra esta ciudad; 3el Señor lo cumplió y ejecutó lo que había dicho, porque habíais pecado contra el Señor, desobedeciéndole; por eso os ha sucedido esto. 4Pero ahora yo te suelto hoy las cadenas de tus brazos. Si quieres venir conmigo a Babilonia, yo te cuidaré; si no quieres venir conmigo a Babilonia, déjalo. Toda la tierra está delante de ti, y puedes ir a donde te parezca bien. 5Si prefieres vivir con Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán, a quien el rey de Babilonia ha nombrado gobernador de Judá, vive con él entre tu pueblo, o vete adonde parezca bien.
El jefe de la guardia le dio provisiones y regalos, y lo dejó libre. 6Jeremías se fue con Godolías, hijo de Ajjicán, a vivir con él, entre el pueblo que había quedado en el país.
7Los capitanes, que estaban en el campo con sus hombres, oyeron que el rey de Babilonia había nombrado gobernador del país a Godolías, hijo de Ajicán, y que le habían confiado los hombres, las mujeres y los niños y los pobres que no habían sido deportados a Babilonia. 8Entonces fueron a visitar a Godolías en Mispá*: Ismael, hijo de Natanías; Juan y Jonatán,hijos de Carej; Sarayas, hijo de Tanjumet; los hijos de Efaí, el netofateo, y Yezanías, el macateo, todos ellos con sus hombres.
9Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán, les juró a ellos y a sus hombres:
-No temáis someteros a los caldeos; habitad en el país, obedeced al rey de Babilonia y os irá bien. 10Yo tengo que quedarme en Mispá, a disposición de los caldeos que vengan a visitarnos; vosotros cosechad vino, fruta y aceite, metedlo en vasijas, y habitad en los pueblos que os toque ocupar.
11También los otros judíos que habitaban en Moab, Amón, Edom y en otros países oyeron que el rey de Babilonia había dejado un resto en Judá y que les había nombrado gobernador a Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán. 12Y volvieron todos los judíos de todos los sitios de la dispersión, y fueron a Judá a visitar a Godolías, en Mispá. Y tuvieron una gran cosecha de vino y fruta.
13Juan, hijo de Carej, y los capitanes que estaban en el campo fueron a ver a Godolías en Mispá,  14y le dijeron:
-¿No sabes que Baalís, rey de Amón, ha enviado a Ismael, hijo de Natanías, para que te asesine?
Pero Godolías, hijo de Ajicán, no les creyó.
15Juan, hijo de Carej, habló secretamente a Godolías en Mispá:
-Yo iré y mataré a Ismael, hijo de Natanías, y nadie lo sabrá. Así no te matarán a ti, no se dispersarán todos los judíos que se han reunido contigo y no perecerá el resto de Judá.
16Godolías, hijo de Ajicán, respondió a Juan, hijo de Carej:
-No hagas eso. Es mentira lo que dices de Ismael.

Explicación.

40,1 Con la caída de la capital y la deportación en masa no ha terminado todo. Este capítulo y los siguientes nos narran el comienzo tímido y esperanzado de otra etapa y su fracaso desatinado. En este contexto la función profética de Jeremías continúa: función de "plantar y construir" en la medida de lo posible. Él representa la continuidad más conspicua, ya que los nombres conocidos se retiran violentamente de la escena y figuras anónimas avanzan al proscenio. Entre ellos destaca Godolías. Se diría que Jeremías lo conocía de antes y se fiaba de él; todo hace pensar que pertenecía al partido de la no resistencia.

La noticia no coincide con 39,14, donde se dice que los vencedores hicieron sacar a Jeremías de la cárcel. La versión presente parece más verosímil en el contexto: Jeremías comparte la suerte de otros desterrados anónimos. Algunos proponen una reordenación del texto: 39,11-12; 40,2a.1.2b etc. También hay que contar con la confusión del momento. *Año 586.

40,2-6 El general babilonio presenta a Jeremías una elección delicada: no entre valores absolutos, el bien y el mal, sino entre valores históricos. Una alternativa es dejar correr los acontecimientos: ir a Babilonia deportado, como unos años antes el sacerdote Ezequiel. Otra alternativa es ir a Babilonia en calidad de protegido: podría alcanzar puestos importantes en la corte extranjera (como José y Daniel). Otra alternativa es establecerse donde guste "en toda la tierra": puede designar el territorio entero del imperio o el territorio judío. En particular, incorporarse a los judíos que aceptan a Godolías como prefecto sometido al emperador.

La primera no satisface, pues los desterrados ya tienen un profeta. La segunda significa dar por terminada la actividad profética. Godolías es súbdito de Nabucodonosor (según el cap. 27); la tierra que ocupa está devastada, el pueblo que se apiña a su alrededor es gente pobre. Jeremías escoge su compañía: le da su confianza personal y lo apoya con su prestigio. Tal decisión adquiere valor oracular, como la compra del terreno (32).

40,7-8 Breve descripción del resto: el prefecto, unos capitanes con su tropa -¿desertores?-, gente porbre que sólo podía ganar y no representaba un peligro para los ocupantes.

40,8* = Atalaya.

40,9-10 El juramento parece un acto político: incluiría la invocación del nombre del Señor. El contenido sintetiza las exigencias del profeta: sumisión al emperador (27), cultivo de la tierra, todavía don de Dios, nuevo reparto entre los pobres (Sal 37).

40,11-12 Sucede una especie de doble milagro. Históricamente un hecho insignificante: grupos de judíos emigrados a reinos vecinos retornan a la patria. En la visión del narrador se empieza a cumplir una promesa: compárese 40,12 con 29,14. Los que eran una diáspora anticipada van a ser primicia de repatriados.

Y la buena cosecha. En términos históricos indica que transcurrió un año agrícola favorable. A la luz de otros datos que siembra el narrador, la cosecha significa que el Señor bendice al resto pobre en su tierra; compárese con 12,7-13.

40,13-16 Ismael era uno de los capitanes, un traidor en el grupo. Su relación con Amón induce a conjeturar. Como un día David con su mesnada estuvo al servicio del rey de Gat (1 Sm 27,2-12), así pudo este Ismael haberse pasado al servicio del rey de Amón. Los amonitas esperaban sin duda beneficiarse de la derrota de Judá, ocupando territorios fértiles de Palestina; Godolías era un obstáculo para su política expansionista.

Godolías no creyó la denuncia. Si el plan homicida se hubiera probado, habría sido legítimo dar muerte al traidor. Se jugaba el bien del pueblo. Godolías fue víctima de su honradez y confianza excesiva: ¿por qué no consultó a Jeremías?